¿Realmente Argentina y Brasil son los equipos de los chilenos en el Mundial?
La pregunta que da título a este texto no es retórica. En las semanas previas a cada Mundial, los medios chilenos repiten sin demasiado cuestionamiento que Argentina y Brasil son los equipos de los chilenos cuando la selección nacional no clasifica al torneo. Es un relato que se da por sentado, que se reproduce en paneles y columnas con una regularidad casi cronométrica, que aparece en redes sociales como si fuera una verdad arqueológica. Pero hay algo debajo de ese consenso que merece revisión más seria.
¿De dónde viene esa idea?
El relato tiene su historia. Argentina y Brasil son las dos selecciones sudamericanas más exitosas en Mundiales, las que acaparan mayor cobertura mediática global y las que más hinchas generan fuera de sus fronteras. Que Chile, sin selección propia en el torneo, dirija la mirada hacia sus vecinos más poderosos parece una consecuencia lógica. Pero “lógico” y “verdadero” no son siempre equivalentes. El relato se construyó sobre una parte de la realidad y luego se generalizó hasta abarcar toda la población.
¿Cuántos chilenos realmente apoyan a Argentina?
Cuando se consulta a las personas de manera directa —no en encuestas de redes sociales donde la presión del grupo distorsiona las respuestas, sino en conversaciones reales— los resultados son más matizados de lo que el relato dominante sugiere. Hay una porción significativa de chilenos que, cuando no clasifica su selección, directamente pierde el interés en el torneo. No adoptan ningún equipo. Ven algún partido por inercia, quizás la final, pero sin involucrarse emocionalmente con ninguna bandera.
Otra porción considerable sigue selecciones europeas. El fútbol español, el inglés y el alemán tienen una base de seguidores chilenos nada despreciable, construida a través de años de consumir esas ligas en televisión y plataformas de streaming. Para esos aficionados, apoyar a España o a Francia en el Mundial es igual de natural que apoyar a Argentina o Brasil. El mapa de lealtades es más amplio de lo que el discurso local reconoce.
¿Argentina genera simpatía o exactamente lo contrario?
La relación de Chile con Argentina en el fútbol tiene capas de complejidad que el relato simplificado no recoge. Hay hinchas chilenos —probablemente más de los que los medios admiten— para quienes apoyar a Argentina sería una contradicción con sus propios principios futbolísticos. La rivalidad histórica, alimentada por décadas de encuentros tensos en eliminatorias y por episodios polémicos que no se olvidan fácilmente, no desaparece por decreto cuando comienza el Mundial.
En zonas del sur del país, en particular, hay una cultura futbolística donde la distancia respecto a Argentina forma parte de la identidad. Para esos hinchas, el Mundial sin Chile es simplemente el Mundial sin Chile, y Argentina puede seguir su camino sin necesitar de su apoyo para validarse. Es una postura legítima que el relato dominante suele ignorar.
¿Y Brasil?
Con Brasil la historia es diferente en su textura, aunque llega a un resultado similar. La hostilidad directa es menor, pero eso no significa automáticamente simpatía activa. Muchos chilenos ven a Brasil con admiración técnica pero sin apego emocional genuino. Es como admirar a un jugador de otro club: lo reconoces como extraordinariamente bueno, pero no sientes que te representa cuando juega.
La imagen de Brasil como el equipo que siempre juega bien y siempre llega lejos se ha deteriorado en los últimos ciclos. Las eliminaciones en cuartos de final o antes, los escándalos institucionales alrededor del fútbol brasileño y la sensación de que la camiseta amarilla ya no garantiza el espectáculo de antes han erosionado ese atractivo que parecía intocable.
¿Qué dicen los números de audiencia?
Los datos de audiencia televisiva en Chile durante los Mundiales muestran patrones que no siempre cuentan la historia que el relato supone. Los partidos de Argentina y Brasil sí generan picos por encima del promedio. Pero también los generan las finales, las semifinales y ciertos partidos de rivalidades europeas históricas, independientemente de los equipos involucrados.
El pico de audiencia no indica necesariamente simpatía activa por alguno de los equipos: puede ser simple atracción por el partido de mayor relevancia del momento. Mucha gente ve el partido de Argentina porque es el partido más importante de la jornada, no porque hayan tomado la decisión consciente de apoyar a la albiceleste. La distinción importa si uno quiere entender qué hay realmente detrás del fenómeno, en lugar de confirmar el relato previo.
¿Hay un Chile futbolístico más diverso de lo que se muestra?
Sí, con toda seguridad. El ecosistema de los aficionados chilenos es más fragmentado y variado de lo que los medios deportivos suelen mostrar. Hay personas que siguen la Premier League con mayor entusiasmo que cualquier Mundial, y que durante el torneo cuadrienal simplemente disfrutan el espectáculo sin comprometerse con nadie. Hay fanáticos declarados de selecciones africanas, motivados por las historias de jugadores específicos que siguen de cerca. Hay quienes apoyan a Argentina en cada edición del torneo y quienes jamás lo harían aunque los argumentos fueran irrefutables.
Esa diversidad es casi invisible en el discurso mediático porque ese discurso, por su propia lógica interna, busca consensos y narrativas colectivas que puedan venderse como titulares. “Los chilenos apoyan a Argentina y Brasil” genera contenido y debate. “Los chilenos tienen relaciones muy distintas con el Mundial dependiendo de su región, generación e historia personal” es cierta pero no cabe en ningún formato de panel televisivo.
¿Qué hacer con esta información?
Tomar distancia crítica del consenso no equivale a negar que muchos chilenos efectivamente apoyan a Argentina o Brasil durante el Mundial. Significa reconocer que esa afirmación es una simplificación, y que hay millones de personas cuya relación con el torneo no encaja en ese molde binario.
Para el hincha que siente que el relato dominante no lo representa, la conclusión es más sencilla de lo que parece: no existe obligación de adoptar ninguna camiseta prestada. El Mundial puede disfrutarse sin lealtades transitorias, y eso no lo hace menos interesante ni menos conversable. La riqueza del torneo no depende de si uno elige bando antes del pitazo inicial.

